RARO, RARO

Genial el artículo de hoy de José Luis Trasobares en El Periódico.

En esta ciudad de Zaragoza donde todo el mundo protesta por todo, hay varias situaciones obviamente molestas que apenas motivan quejas o no las motivan en absoluto. Una cosa muy rara, oigan. Debemos suponer que los cesaraugustanos hemos interiorizado de alguna forma determinados inconvenientes y ya los consideramos parte de la naturaleza de las cosas. Si no, no se explica.

Este último fin de semana estuvieron de traca en San Gregorio. Nadie había avisado de tal evento, pero fue fácil deducirlo por los pepinazos cuyas ondas hacían vibrar los cristales en todos los pisos altos de la bélica capital aragonesa. ¡Bummm! ¡Patapummm! “¿Qué es esto?”, preguntó mi santa sobresaltada ante el estrépito. “Calla, calla –contesté–, ¡es la guerra!”.

Uno creería que esas explosiones provocarían un aluvión de quejas airadas. No parece que haya sido así. Unos pocos ciudadanos de oido sensible llamaron a los medios de comunicación preguntando qué diantres era aquello. No hubo más. Pasa con esto lo mismo que con el ruido y molestias de todo tipo que causa el tráfico en demasiadas calles zaragozanas. Sales a sus balcones y puedes registrar más de cien decibelios. Pero el personal lo soporta con sufrida indiferencia. Como mucho, de cuando en cuando aparece en los papeles o las ondas algún bendito propietario de uno de esos pisos colgados sobre las autovías del extrarradio, que pide le pongan una pantalla protectora (que no sirve de nada pero consuela).

Pero lo más raro de todo es el bajísimo nivel de respuesta a un fenómeno bastante habitual. Me refiero a ese olor nauseabundo que llega desde algún punto del norte; ese hedor a papelera putrefacta, a coles hervidas, a pedo de algún monstruo atiborrado de repollo y acelga. Llena las calles, se cuela en nuestros domicilios, satura nuestras pituitarias… es repugnante. Sin embargo no se ha producido nunca ninguna campaña para poner fin a tal castigo.

Raro, raro. Se lo juro.

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2 comentarios

  1. Tiene más razón que un santo.

    Yo estuve todo el fin de semana soportando los ruiditos, y no vivo en un autopista como dice Trasobares, que vivo en la Av. de Madrid, pero se sentían perfectamente, y muchas más por la noche.

    Por esto no prostetarán, no. Pero por otras cosas… En fin, es lo que tiene vivir en un ciudad pro-militar y pro-Otan, ¿no?.

    Triste, triste, triste.

  2. Completamente de acuerdo Dani. Yo también estuve oyendo los ruidos todo el fin de semana desde La Almozara. Un recordatorio de las servidumbres que padece la ciudad por el hecho de tener un superavit de instalaciones militares.
    Con todo, me da la impresión que si la base de la OTAN viene a Zaragoza las molestias y limitaciones serán aún mayores.

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