EN LA OCUPACIÓN ISRAELÍ DE PALESTINA HAY ELEMENTOS DE “APARTHEID”

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Es curioso, ayer le dije a un amigo palestino que siempre he pensado que el comportamiento de Israel con respecto a Palestina se podía calificar perfectamente de “apartheid”. Hoy hemos conocido el informe que el Relator Especial de la ONU ha presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en Ginebra. Entre sus palabras, se puede destacar que considera igualmente que en la actuación de Israel existen elementos de apartheid. Reproduzco la nota de prensa de la ONU, en la que John Dugard explica su visión actual del conflicto entre Israel y Palestina.

22 de marzo, 2007 El relator especial de la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, John Dugard, sugirió hoy que se pida una opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre el trato que recibe ese pueblo. Al presentar su informe ante el Consejo de Derechos Humanos, Dugard sostuvo que la ocupación israelí de territorios palestinos contiene elementos de colonialismo y apartheid.


Urge que la comunidad internacional alcance un consenso respecto a Palestina, dijo el experto.“El mundo en desarrollo considera que Palestina es una cuestión que merece especial atención porque desde el final del apartheid, se ha convertido en el único caso en que un pueblo en desarrollo es subyugado por un régimen asociado a Occidente”, puntualizó Dugard.

Agregó que Occidente, por otra parte, actuando por medio del Cuarteto Diplomático, prefiere adoptar una política de apaciguamiento hacia Israel, acompañada de sanciones económicas contra los palestinos.

El relator opinó que el Consejo de Derechos Humanos no podrá promover y proteger esos derechos en todo el mundo hasta que se alcance consenso sobre la situación de los derechos humanos en territorio palestino.

Por su parte, el embajador israelí Itzhak Levanon, calificó de “acusaciones obsesivas” las declaraciones de Dugard y afirmó que bajo un mandato sesgado no contribuyen en nada a solucionar los problemas agudos en la región del Medio Oriente.

Levanon pidió al órgano de la ONU que reexamine el mandato del relator objetivamente para que refleje los hechos en el terreno y tome en consideración todas las violaciones de derechos humanos y a todos los que los violan.

El embajador israelí agregó que también es importante que quien sea nombrado relator especial cuando concluya el mandato de Dugard, se esfuerce por utilizar su cargo para “promover un diálogo constructivo y mantener una apariencia de equilibrio, imparcialidad y conciencia de la realidad”.

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Una respuesta

  1. Cada vez que pienso en Israel me cabreo. Y algún imbécil dirá que soy antisemita, como si los palestinos y los árabes no fueran semitas. Pero la creación del Estado de Israel ha sido una de las mayores injusticias y escándalos desde la II Guerra Mundial. De acuerdo en que partimos de un genocidio del pueblo judío, criminal y asesino, la mayor tragedia humana de la historia (después de Stalin). Pero aprovechar el papel de víctima para obtener un cheque en blanco en sus criminales políticas de los últimos sesenta años, sólo puede darse frente a unos Estados Unidos, religiosos fanáticos y fascistoides, y que usan Israel como gendarme de Oriente Medio, y una Europa que se siente, con razón, culpable.
    Hay que dejar un par de cosas claras antes de hablar de negociación para resolver el conflicto: los que propugnaban en el protectorado británico en Palestina la creación de un Estado sionista utilizaron para ello el terrorismo, y los mitos políticos del moderno Israel eran unos terroristas, como por ejemplo Ben Gurión, y si no, que pregunten a las víctimas del atentado del Hotel Rey David, donde estaba instalado el servicio de inteligencia británico, u otros muchos, incontables, atentados brutales contra árabes y británicos. En segundo lugar, ¿por qué tenemos que aceptar el resto del mundo que estos fanáticos tengan que ser obsequiados con un Estado en su tierra prometida, creencia folclórica basada en una tradición mitológica e históricamente más que discutible? ¿Que ellos siempre han vivido allí? Y los palestinos (los filisteos a los que Sansón, la versión light del Heracles, o Hércules, griego, machacaba, o a 200 los cuales el mismo rey David se divertía amputándoles el aparato reproductor y presentándolo a Yahve como ofrenda, el Dios más intolerante y asesino de las tradiciones del mundo antiguo), ¿dónde han vivido toda la vida? ¿En Marina d’Or? Los árabes no son santos, y han intentado borrar del mapa a Israel por la vía rápida en varias ocasiones, con resultado adverso.
    Es evidente que los palestinos tampoco son inocentes, y que han utilizado el terrorismo como mecanismo de obtener de nuevo lo que les fue robado, sí robado. Miles de árabes y palestinos fueron expulsados de sus casas y obligados a residir en campos y poblados prefabricados para ‘dejar sitio’ a las pobres víctimas del holocausto (y a quienes no lo fueron, pero vieron ganado así su pan de por vida). ¿Por qué tienen que pagar unos la injusticia y la crueldad cometida con los otros? Está claro que no puede apoyarse el terrorismo sin ser un degenerado mental, pero, ¿no son comprensibles las razones que impulsaron el nacimiento de un terrorismo palestino? Y si no son comprensibles, ¿reconoceremos que grandes héroes como Viriato, El Empecinado, o el Curro Jiménez de la ficción eran terroristas y el niño del tambor del Bruch o el alcalde de Guadix frente a los franceses eran unos terroristas suicidas y cambiaremos los libros de historia?
    Como siempre, la colonización occidental de un territorio genera injusticias y conflictos crónicos e irresolubles, por su incompetencia, su ambición y su estupidez, y además por su desinterés una vez que han expoliado todo lo que han podido y comienza a no ser rentable mantener esclavos. ¿Hay solución? A un neófito ignorante como yo sólo se le ocurren dos. La primera, un Estado Palestino de verdad, con continuidad territorial y plenitud de derechos, retirando los asentamiento israelíes de donde no deban estar, y cediendo a los palestinos los territorios necesarios para dar continuidad a su Estado, con un compromiso árabe expreso y claro a que Israel no se verá mermado en su seguridad.
    La segunda, un único Estado, aconfesional, sin que la religión se mezcle con la política, compartido por todas las etnias y las clases sociales, en el que todos los sectores se vean justamente representados. En ambos casos, Israel debería pagar unas compensaciones económicas justas, es decir, gigantescas, pero ahí están los yanquis para echar una mano, por la “expropiación” de territorios y derechos en 1948, y por el genocidio cometido en los últimos sesenta años contra los palestinos, de tal manera que esta justa compensación pagara el desarrollo económico y en infraestructura de los palestinos.
    Pero que no se engañe quien lea esto, no soy iluso, si acaso un poco gilipollas. Nada de esto va a ocurrir, porque detrás del conflicto hay sólo dos cosas: el conflicto por el agua de la zona (hay diez o doce millones de habitantes donde en 1948 había menos de la mitad), y el racismo e integrismo fanático de aquellos que piensan que hay un ser sobrenatural que se ha encaprichado de ellos y que por su supervivencia reconoce el derecho a la eliminación física de los demás. Es decir, sospechosamente cercano a los postulados de Hitler. ¿Qué diferencia hay entre decir, “somos el pueblo elegido” a decir “la supremacía de la raza aria”?
    Pero hay una verdad histórica irrefutable. Mientras los territorios palestinos estuvieron bajo gestión árabe u otomana, vivían allí entre cincuenta y cien mil judíos que, más allá de puntuales y sangrientos brotes racistas contra ellos, tenían reconocidos sus derechos, propiedades, y el derecho a su religión. Ahora los palestinos también los tienen, dirá alguien. Sí, si no se procede a la demolición de su casa, levantan un muro para impedir que vayan al trabajo o los tanques arrasan sus casas porque un terrorista que vivía cerca y al que conocían de vista puso una bomba en un McDonalds.
    Es un problema al que nadie quiere poner solución. O mejor dicho, al que la solución que se ve más aplicable es la del viejo refranero castellano: muerto el perro, se acabó la rabia.

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