“LA AMPLIACIÓN DE YESA ME DARÍA MUCHO MIEDO”

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Excepcional documento éste, una entrevista al ingeniero constructor de Yesa en el Diario de Navarra, que se puede encontrar en la página web de la Asociación Río Aragón. Confiemos en que al final se imponga la razón en este asunto.

René Petit, el ingeniero constructor del pantano de Yesa, manifestó a este periódico que si se llevaba a cabo el recrecimiento del pantano, “a mí me daría mucho miedo. La presa actual tiene sesenta metros de profundidad y en su día ya hubo sus más y sus menos sobre si aguantaría o no. Hay que ser muy cauto en este tipo de obras, mucho”.

El ingeniero francés dijo no comprender esta ampliación, y ante la sugerencia de visitar Yesa de cara a esa posible ampliación contestó: “¿Para qué? ¿Para llevarme el mayor disgusto de mi vida? No, dejemos las cosas tal y como están… Hay que tener en cuenta que al aumentar el volumen aumentan considerablemente las posibilidades de un fallo geológico. Si ahora existe una presión de diez kilos por centímetro cuadrado, con esa ampliación puede doblarse a veinte… ¿Quién va a garantizar la seguridad de tal obra?”.

René Petit confirmó que el pantano de Yesa estaba destinado a regar, principalmente, tierras aragonesas, por intereses particulares de la Confederación Hidrográfica del Ebro. “Sí que existía un proyecto de ampliación de este regadío en Navarra, pero no se llegó a hacer por las causas e intereses. Los cambios de ministros, los intereses políticos a los que hacía referencia, influyeron decisivamente en la paralización del proyecto”.

El diseñador del pantano de Yesa se muestra partidario de llevar a cabo cualquier solución antes que el recrecimiento, por ejemplo, el desarrollo de toda !a red de canales que incluía el proyecto original. “Eso es más lógico. Y se evitaría la posibilidad de una catástrofe. Esa es mi opinión al menos. Porque ya le digo que levantar más la actual presa y triplicar el pantano es sumamente delicado”.

A René Petit le preocupa el tema de !a seguridad. Declaró que cuando se hunde una presa, a pesar de que se eche la culpa al hormigón, a !a construcción, en la mayoría de los casos es porque falla el terreno. “Antes de emprender una obra de estas características se efectúan gran cantidad de sondeos, pero siempre son insuficientes porque la geología del terreno puede cambiar y ante esta posibilidad no hay previsión alguna que valga. ¿Quién puede asegurar un corrimiento de tierras con cierta dosis científica? ¡Nadie!

Luis Cortés

Vive en Fuenterrabía, en un chalecito bajo y coqueto de la calle Lapurdi, al abrigo del mundanal ruido, del mar y hasta del horizonte, como queriendo ocultarse de gentes, recuerdos e incluso de su propia e intransferible historia.

– René, parece ser que lo que mejor se le daba al Generalísimo, oséase Don Franco, era hacer pantanos por el bien del Imperio…
– ¡Demasiados pocos construyó teniendo en cuenta las necesidades de este país! ¡Demasiados pocos, créame!.

René Petit fue el artífice, el máximo responsable del pantano de Yesa. A mí siempre me han causado admiración y respeto esas mentes capaces de crear tan enormes y perfectas moles. Y se lo digo. Pero no es hombre amante de adulaciones.
– Mire usted, todas mis capacidades de vanidad se agotaron con el fútbol. Yo jugué en el Real Unión de Irún y, posteriormente, en el Real Madrid. Al principio sí que me agradaba el leer en la prensa un comentario que dijese “Petit jugó un gran partido en la tarde de ayer”. Más adelante llegué a debutar en la Selección de Francia porque al ser mi padre del país vecino me vi obligado a cumplir con el servicio militar allí. Y ello colmó mis ansias de popularidad y celebridad. Ya con el paso de los años esas emociones quedan postergadas por el trabajo cotidiano, por el cumplir diariamente con tu obligación. Y ese vivir “cara a la galería” se desvanece por completo.

– Pero en su profesión también vivió momentos de esplendor. Cuando se inauguró el pantano de Yesa asistió al acto Franco y creo que le felicitó muy efusivamente por su obra…
– Aunque le parezca extraño puedo asegurarle que no lo recuerdo. ¿Franco me felicitó a mí? No sé, es posible, pero no tengo una idea clara del hecho. Tal vez ocurriese como usted me lo plantea.

Es humilde muy humilde. Y esta respuesta corrobora mi sensación. No le gusta ensalzarse, ni hablar de sus momentos dorados. Todo pasó, todo pertenece a un ayer que no volverá, ¡ay!
– Nací en Dax, en las Landas, en 1899. Mi madre había ido a tomar las aguas termales y eso propició mi nacimiento en Francia. Mi padre era jefe de Tráfico de la Compañía del Norte de España y estábamos destinados en Irún. Comencé, mis estudios aquí mismo, con una institutriz francesa, debido al origen de mi padre, que era del país vecino. Mi madre, por el contrario, era madrileña. Me hice ingeniero de caminos en Madrid porque amaba la naturaleza, el vivir en constante contacto con ella, y pensaba que esa carrera podía colmar mis aspiraciones en tal sentido. Jamás he sido hombre de ciudad, de despacho…

– Hacia 1925 termina sus estudios y es un joven ingeniero sin trabajo y con muchas ilusiones, ¿cómo empezó usted?
– Regresé a Irún e hice algún trabajillo en Fuenterrabía, como la variante de una carretera para ir a la playa, cosas pequeñas, en definitiva. Hasta que poco después ingresé en la Confederación del Ebro. Me enviaron directamente a la obra del pantano de Yesa y se puede decir que allí empezó mi singladura profesional. Comenzó la obra en la época de Lorenzo Pardo y se cortaron los trabajos poco después del Alzamiento para reanudarse hacia 1955. Durante este lapsus me enviaron al pantano de Reinosa, el pantano del Ebro.

– En 1959 se inaugura el pantano de Yesa. ¿Cuál fue su siguiente destino profesional?
– Me vine a San Sebastián. Había trabajado toda mi vida en el campo desarrollando labores muy duras y tenia ya sesenta años. Por otro lado mi familia estaba aquí y ya era hora de compartir más tiempo con ellos. Salió una vacante en la Jefatura de Carreteras de San Sebastián y obtuve la plaza en la que permanecí basta mi jubilación. Estuve haciendo algún puente, esta variante de la autopista que arranca de Irún, cosas así que yo denominaría menores.

No fuma, no bebe, y se mantiene en forma dando pequeños paseítos por la playa. Me dice que se aburre mucho, que esto de la jubilación es una lata porque el cambio de una vida activa a otra sedentaria es sumamente drástico.

¿Por qué se hunden las presas de los pantanos, Sr. Petit?
– A veces dicen que porque fallaron los cálculos de previsiones. Pero no estoy de acuerdo en absoluto. El problema puede hallarse en la propia ejecución de la obra, en un hormigón deficiente. Y en la mayoría de los casos lo que falla es el terreno, que ése sí que no responde a las previsiones iniciales. Antes de emprender una obra de estas características se efectúan gran cantidad de sondeos pero siempre son insuficientes porque la geología del terreno puede cambiar y ante esta posibilidad no hay previsión alguna que valga. ¿Quién puede augurar un corrimiento de tierras con cierta dosis científica? ¡Nadie!
– Antes me decía usted que Franco hizo pocos pantanos, ¿cuál fue la causa?
– Le diré algo que la mayoría de la gente ignora. Es cierto que en cantidad de ocasiones no se emprendían estos proyectos por falta de presupuestos, porque no había dinero. También en otras ocasiones intervenían factores políticos y éstos llegaron a parar obras porque los intereses de determinados señores se contraponían. Si una obra la había emprendido un ministro concreto y era sustituido, el que ocupaba el cargo no veía con buenos ojos la obra de su predecesor y prefería detenerla y comenzar otra nueva en la que él se llevase todo el protagonismo. ¡Fíjese usted que razón tan estúpida para detener todo un proceso de trabajo! Y la causa más importante, eso que casi todo el mundo ignora, como le decía al principio, es que la mayoría de las empresas de construcción no estaban preparadas, no poseían la infraestructura necesaria para emprender un proyecto de tal envergadura. Estaban acostumbradas a la realización de otros encargos, tales como carreteras, viviendas, etcétera, pero cuando les hablabas de un pantano se les cambiaba el color, je, je, je…

Es campechano y “todo un hombre del campo” este hombre mitad francés, mitad español, mitad navarro, mitad guipuzcoano, “quiero mucho a Navarra porque en ella pasé los mejores años de mi vida”. Me lo dice como queriendo emular la película de William Wyler.

– La realización del pantano de Yesa, Sr. Petit, le obligó a enterrar dos pueblos, Escó y Tiermas, ¿qué. me puede decir al respecto? ¿Piensa que fue inevitable la desaparición de los dos lugares?
– Por supuesto que sí. Y si volviese a realizar la obra del pantano volvería a enterrarlos, sobre todo la parte baja de ambos. Sí que sentí auténtica pena por el balneario de Tiermas, porque se trataba de unas aguas termales muy apreciadas. Por otro lado sé bien que a la gente no le agrada el cambio de residencia, dejar el lugar en el que nació. Pero no quedaba otra opción. Para aquellas personas se habilitaron algunos pueblos en la Bardena, como Ejea, Cinco Villas, Sádaba. Fue una pena, pero una pena de todo punto inevitable. No tengo más que gratitud para todas aquellas gentes por lo bien que se portaron, por la tolerancia y comprensión que demostraron.

– En realidad, Sr. Petit, el pantano de Yesa se construyó. en Navarra para beneficio casi exclusivo de Aragón, ¿por qué?…
– Así fue, Navarra cogió algo por la parte de Carcastillo ya que hicimos un túnel por Cáseda bastante largo. Yo fui el responsable del Canal de las Bardenas y éste sí que benefició a la Ribera navarra. Pero tratando de responder a su pregunta con concisión le diré que los intereses de la Confederación del Ebro, de Lorenzo Pardo en particular, tiraban para Aragón porque ellos tenían su sede en Zaragoza y porque se apuntaban, de alguna manera, un gran tanto político.

– Los más pesimistas decían que la presa del pantano de Yesa no aguantaría, que se caería…
– Sí, lo sé, pero más que por la presa en sí por la cimentación de la roca. Afortunadamente esos augurios no se han cumplido…

– Ahora, Don René, se quiere construir una nueva presa para aumentar la capacidad del pantano a 1.500 Hm3. ¿Teniendo en cuenta la discutida poca solidez del terreno no se trata de un proyecto realmente peligroso?
– No tengo noticias de esta ampliación de la que usted me habla. Pero puedo asegurarle que a mí me daría mucho miedo. Y por otro lado eso supondría enterrar, cuando menos, Sigüés. La presa actual tiene sesenta metros de profundidad y en su día ya hubo sus más y sus menos sobre si aguantaría o no. Hay que ser muy cauto en este tipo de obras, mucho. Y para conseguir el volumen que me comenta sería necesario levantar la presa diez e incluso veinte metros, porque llegar a 1.500 Hm3 es triplicar la capacidad del pantano…

– Dicen desde Madrid, Sr. René, que esta ampliación es ineludible…
– ¿Ah, si? No sabía nada al respecto, ¿pero qué les pasa, que no tienen suficiente agua?

Y se queda preocupado, con el semblante sombrío, pensando tal vez en sus viejos miedos, en sus temores de siempre, en sus noches de preocupación y desvelo ante posibles desmoronamientos de sus enormes moles.
– Mire, Cortés, tal como se concibió el pantano en un principio cubría perfectamente las necesidades previstas, tantas hectáreas a regar y tantos metros cúbicos de agua por hectárea y año. Ignoro si en el momento actual se pretenden cubrir otras necesidades agrícolas y por lo tanto no acabo de comprender ese deseo de ampliación a costa de lo que sea…

– ¿Por qué no se da usted una vuelta por Yesa de cara a esa posible ampliación, Sr. Petit?
– ¿Para qué? ¿Para pasar miedo, para llevarme el mayor disgusto de mi vida? No, dejemos las cosas tal como están… Tenga en cuenta que al ampliar el volumen aumentan considerablemente las posibilidades de un fallo geológico. Si ahora existe una presión de diez kilos por centímetro cuadrado con esa ampliación puede doblarse a veinte… ¿Quién va a garantizar la seguridad de tal obra?

– Monsieur René, el nivel de aterramiento, de depósito de los residuos transportados por los ríos que alimentan el pantano es muy grande, ¿qué capacidad ha perdido por esta razón desde aquel lejano 1959, año de su inauguración?
– Es indudable que sí que ha perdido capacidad pero decir o establecer en qué cantidad es muy difícil, prácticamente imposible. Sería tremendamente costoso medir el nivel de aterramiento en el fondo del pantano, tenga en cuenta que desde la presa hasta la cola del pantano tenemos casi veinte kilómetros de longitud. De todas formas este tema no supone un problema importante ya que la parte de menor fondo, el final del embalse, es la primera en aterrarse y la superficie cercana a la presa lleva un proceso larguísimo, hasta el punto de que en los veinticuatro años de vida del pantano apenas le habrá afectado…

– Sr. Petit, su proyecto inicial del pantano de Yesa incluía una serie de canales para el riego en la Ribera navarra. Pero esos canales nunca se han llegado a construir en su totalidad, ¿puede explicarme el por qué?
– Se pretendía cubrir principalmente como zona de regadío Aragón. Ya le he explicado antes los motivos e intereses particulares de la Confederación del Ebro y en un principio ya estaba previsto así. Le vuelvo a insistir en que yo me encargué del Canal de las Bardenas con el que se llevaba agua del pantano hasta la zona de Tudela. Se hizo y se cubrió una parte importante de regadío aunque tal vez no todo lo necesario. Sí que existía un proyecto de ampliación de este regadío en Navarra pero no se llegó a hacer por las causas de intereses que ya le he explicado. Los cambios de ministros, los intereses políticos a los que le hacía referencia antes, influyeron decisivamente en la paralización del proyecto.

Es cauto al hablar, con la serenidad y prudencia propia de sus muchos años y experiencia. Su mujer asiste a la conversación en silencio, asintiendo a una con su marido en los viejos miedos, en las angustias a solas ante un posible derrumbamiento. Tienen tres hijos, dos chicas y un varón. Y a ninguno de ellos, ni a sus nietos, les ha dado por la carrera del abuelo Petit. Habla con dolor de un sifón que estudió para su instalación en Cáseda y así poder llevar el agua de Yesa al oeste de Navarra.

– Por lo que me comenta con respecto a ese proyecto jamás realizado, ¿no sería más interesante llevarlo a cabo ahora y olvidarse del peligro de ampliación del pantano que se está cuestionando en este momento en Madrid?
– Por supuesto que sí, por supuesto. Y se evitaría la posibilidad de una catástrofe. Esa es mi opinión, al menos. Porque ya le digo que levantar más la actual presa y triplicar la capacidad del pantano es sumamente delicado. Por otro lado yo dejé el pantano el mismo año de su inauguración y ya no he seguido la explotación del mismo. Por las noticias que me han llegado en alguna ocasión pienso que su funcionamiento ha sido el idóneo.

– ¿Se ha sentido compensado por su dedicación profesional?
– El mejor pago que he recibido ha sido el ver cómo auténticos desiertos se han convertido en lugares verdes, hermosos, provechosos. Esta compensación si que es muy importante porque compruebas por ti mismo el resultado y los frutos de tu trabajo. Ahora, con el paso de los años, me he vuelto muy estoico, muy escéptico. Siento una gran falta de ilusión por las cosas, una sensación muy dificil de definir que puede asemejarse a la abulia, al desinterés puramente vital. En este aspecto pienso que la vida es todo un ciclo y en el mismo existen períodos en los que parece que te apartas del transcurrir de tu propia existencia. Tal vez esto sea común a todos los mortales en el proceso de la vejez.

– Monsieur René, ¿le gustaría seguir trabajando?
– No lo sé muy bien, no se lo puedo asegurar a ciencia cierta. Sí sé que me aburro tremendamente, que no le encuentro un sentido válido a mi vida actual. Pero qué le vamos a hacer, ésto no tiene remedio, ¿no le parece?…

– En Navarra se le quiere mucho, Sr. Petit, ¿le sirve eso?
– Claro que sí, me llena de satisfacción.

Salimos a la noche estrellada de Fuenterrabía. Al fondo el mar y el horizonte de un cielo infinito que se pierde eterno. En la puerta de su chalecito nos despedimos con un fuerte apretón de manos y una mirada emocionada por parte de René. Tal vez esté viendo en mí por última vez su Yesa del alma, sus campos de Sangüesa, sus atardeceres rojos, preciosos, inmortales, junto a la presa de su pantano de Yesa.

– De la inauguración, créame, no sé si estuvo Franco o estuve yo, je, je, je, ¡se lo digo en serio!

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Una respuesta

  1. Conocí a René Petit, era conocido de mi padre. Comprendo su sentimiento ya que para el padre de la obra actual, el recrecimiento es como si mataran a su hijo y yo siempre lo he conocido muy mayor y rico, o sea sin verdaderos problemas a parte de la inevitable edad. Creo sinceramente que el agua es muy importante y seguramente el recrecimiento será tan necesario como contestado. Debemos tener en cuenta que el primer pantano también tubo contestación airada, igual que el pantano de Lumbier, que al final no se hizo.

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