EL TOUR DE LA DIGNIDAD

Estos días por tierras alpinas he comprobado al comprar L´Equipe que lo que dijo hace unos días Carlos Arribas en El País era rigurosamente cierto. El prestigioso periódico deportivo francés había decicido no ensalzar ni destacar especialmente ninguna victoria en este Tour por más épica que resultara ser, por miedo a que luego los resultados de los controles nos den un nuevo susto y decepción. En su lugar, hemos podido leer entrevistas con ciclistas y técnicos de los equipos con mejores relaciones con el staff del Tour. Tengo morbo de ver qué es lo que dicen hoy después de lo que Rasmussen, Mayo, Valverde y compañíá hicieron camino de Tignes.
Es otro de esos absurdos con los que tenemos que lidiar los aficionados al ciclismo, desde que algunas autoridades deportivas decidieron imponer en el ciclismo un régimen de controles antidopaje inéditos en cualquier otra competición deportiva. En todo este montaje hipócrita hay algo que me molesta especialmente. El ciclista es considerado el culpaple, cuando debería ser visto como la víctima única de todo el entramado del dopaje. En otro momento de la temporada hablaremos más de estos temas, ahora es el tiempo de disfrutar más que nunca de mi competición deportiva preferida, del Tour de Francia, que a pesar de sus organizadores sigue movilizando a millones de personas en las carreteras y delante de la televisión.
A lo largo de estos días trataremos de que haya un post diario sobre la carrera en el que incluiremos algún video de momentos históricos del Tour. Hoy comenzamos con un vídeo conmemorativo del centenario celebrado en 2003.

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Una respuesta

  1. Precioso vídeo, aunque algunos de sus protagonistas estén ahora defenestrados, e incluso otros bajo sospecha.
    Este asunto tiene muchas implicaciones. Es cierto que si no se hubiera detectado ningún caso de dopaje, no se habría llegado a esta situación, pero también es verdad que los corredores implicados no son los únicos, ni siquiera los principales responsables.
    En cuanto a la criminalización de quienes jamás han sido sospechosos de tales prácticas, me parece una inversión de la presunción de inocencia inadmisible, muestra del deterioro constante y global que los mínimos derechos de las personas están sufriendo cada vez en mayor medida.
    Un abrazo.

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