¿POR QUÉ MI EMPEÑO EN CONTAR MIS COSICAS?, POR BASTIÁN LASIERRA

Un poco como continuación y otro poco como respuesta a algunos de los comentarios al post anterior, Bastián me envía este texto con el que sin duda much@s se sentirán identificados.

¿Por qué mi empeño en contar mis cosicas?

Conozco la luz eléctrica a la edad de nueve años. ¿Os sorprende? Pues no soy tan viejo.

A mí me sorprende la extrañeza que os puede causar, cuando solo os cuento mis recuerdos.

La verdad es que nunca se ha exigido tanta capacidad de adaptación a ninguna generación como a la mía.

He pasado del pregonero del lugar al fax y al Internet; del arado romano arrastrado por caballerías a la cosechadora autopropulsada; de la tartana al avión supersónico y los viajes espaciales; del candil de aceite y la tea a la televisión en color… Cada invento se me ha hecho viejo en las manos en un instante, ante la llegada de otra novedad de la tecnología.

He tenido que pensar mucho y muy rápido. Y aprender.

En general, los jóvenes ahora ya no piensan; ven la tele, escuchan sus ritmos favoritos. Viven el instante sin preguntarse por su pasado ni su futuro. Los que piensan –algunos- no saben en qué momento de la historia estamos. Les faltan puntos de referencia, tanto culturales como morales. Los medios de comunicación nos están inculturando hasta el punto de conformarnos a todos en sus esquemas vitales y mentales, haciéndonos, sin más, marionetas del consumismo.

Vamos camino de ser “pasta humana”. Nos están obligando a renunciar a nuestro modo de ser, pensar, vivir y caminar por la vida conforme a nuestra propia cultura. Y esto es malo. Porque renunciamos a ser nosotros mismos para llegar a ser nada.

Una de las razones más poderosas ha sido la ruptura del diálogo intergeneracional. La incomunicación de abuelos a nietos. El joven de hoy ya no tiene, puntos de referencia. Ni en el futuro, que es la gran incógnita, ni en el pasado, porque ya no lo conoce.

Yo os quisiera brindar, jóvenes amigos, una pista para re-encontrar vuestras raíces. Rebuscar en la etnología. Todavía quedan (cada vez menos), personas que os sorprenderán. Si queréis, podéis renunciar a nuestra cultura, pero por lo menos conocerla. ¿Cómo era nuestro Aragón? ¿En que valores creían y guardaban? ¿Qué y como obraba, trabajaba y pensaba? Dicho de otro modo: cómo era el aragonés, la persona, su cultura.

Ojalá lleguéis a sentir orgullo de vuestro país, como yo lo siento de mi Aragón; …de su etnia, de sus lenguas y, respetando todas las culturas que todavía nos quedan, aunque sea a jirones, sintáis que el mundo se enriquece con las aportaciones y las diversidades de todos.

Entalto Aragón!

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2 comentarios

  1. Pues estoy muy de acuerdo con Bastián en todo lo que dice. Creo que es una forma de pensar cuya generalización entre los aragoneses en más que deseable.

  2. Así es, renunciar a nuestras señas de identidad, a las aportaciones culturales de Aragón al resto del mundo significa renunciar a lo mejor que podemos ofrecer como pueblo.

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