AS BRUXAS, POR BASTIÁN LASIERRA

Con este post mi amigo Bastián Lasierra comienza una serie de artículos sobre as bruxas. Muchas gracias Bastián por brindarnos la posibilidad de difundirlos a través de este blog.

As bruxas (Las brujas) Primera parte

Que las brujas solo han existido mayoritariamente en Galicia, País vasco y otras regiones españolas, es una mera suposición. A través de mis años, cuando comienzo a recoger nuestras tradiciones aragonesas, me quedo sorprendido por la apabullante presencia de ellas en nuestro Aragón. Con el permiso de Valentín, y con mi agradecimiento por permitirme llegar a todos vosotros, intentaré contaros muchos de mis recuerdos sobre “bruxas” que “recullo” en nuestro territorio. Soy testigo de la mayoría de hechos que os contaré, y de otros que me han contado personas que los han vivido. Para comenzar, que mejor que mis primeros recuerdos escritos en mi famosa libreta reciclada y cosida con hilo…

A mí, lo de las “bruxas” de “ninón”, me impresionaba mucho como a los demás chicos del pueblo, nunca pasábamos por la puerta de una casa en donde vivía una mujer muy mayor que llevaba fama de bruja. Yo no sabía si era bruja o no, pero por si acaso… Además siempre hacía cosas muy raras: revolvía las basuras. Migalé me dijo un día que se alimentaba de tuétanos, pero eso a lo mejor se debía a ser muy pobre. Esto del “tuétano” debía tener alguna explicación oculta. En Alfántega cuentan que en el tozal de la Mora vivía una mujer misteriosa que se alimentaba de tuétanos de buey. Por cierto que al desaparecer el pueblo que allí existía y Alfántega no podía comprometerse a alimentarla de su manjar favorito, ofreció las posesiones a Monzón en donde aceptaron sus condiciones de alimentación.
También andaba por las márgenes de la carretera y de los caminos recogiendo hierbas y decían que las conocía todas muy bien con todas sus virtudes.

Yo seguía preguntando a mi abuela sobre las brujas. Me interesaba muchísimo. Pero a ella no le apetecía el tema y menos en unos momentos en que la familia estaba esperando un nuevo miembro.
Me preguntaba yo, qué tenía que ver lo uno con lo otro, hasta que la “yaya” empezó a hablar de algo horrible que podía pasar con la brujería y que era una de las cosas más temibles, pues hasta podía quitar la vida del “ninón” que se esperaba: “el mal de ojo”.
Lo del mal de ojo se me quedó grabadísimo. Solo lo comenté con mi hermana y si antes teníamos miedo de pasar por delante de la casa de la “bruxa”, no digo nada ahora.
La tía Basilisa vivía sola en un rinconcico de la plaza baja. Por una puerta trasera que daba al corral y a la “demba” la veíamos salir a veces con un saco y una hoz. Era claro que no iba a buscar hierba para los conejos porque marchaba por otros vericuetos en donde no parecía que hubiese nada aprovechable. Pero lo cierto es que al par de horas ya volvía con su saco lleno.
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