¿QUIÉN ELIGE AL QUE MANDA? (II)

Continuación del post de Charo Giménez, en el que se reproduce este reportaje del diario Público sobre la democracia interna en los partidos políticos.

¿Quién elige al que manda?
Cuatro expertos reflexionan sobre el nivel de democracia interna de las formaciones en España. Su veredicto es claro: ninguno la aplica
MIGUEL ÁNGEL MARFULL – MADRID – 05/07/2009 08:00
Público
Democracia “limitada”
“¿Democracia interna? ¿Eso que es?”, ironiza Rafael Bustos, profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad de Salamanca. También ha escrito decenas de trabajos sobre la trastienda de las organizaciones políticas. Desde esa experiencia, Bustos asegura que el funcionamiento democrático de los partidos “es limitado”. El mismo principio que enuncia Blanco le sirve para argumentar su escepticismo: “La tríada mágica para ganar unas elecciones requiere un candidato atrayente, un programa sólido y un partido unido; si te falta cualquiera de estos tres elementos, pierdes”.

La apariencia de división que ofrece el debate interno tiene coste electoral
Es la cuadratura del círculo político: “Un partido democrático internamente es una formación que ofrece imagen de falta de unidad, y ese no gana las elecciones”.

Comparte este análisis el profesor titular de Constitucional de la UNED Lucrecio Rebollo: “Más debate interno igual a menos apariencia de cohesión. El resultado final es la imposibilidad de ganar”. A este principio, que aparenta ser universal, se une otro elemento psicológico: “La disensión interna, además, no gusta. El ejemplo es Gallardón. A la gente del PP no le gusta porque disiente, y los afiliados no aceptan de buenas maneras las discrepancias”.

¿Hay alguna solución? “Es difícil encontrar el punto medio entre cohesión y democracia interna”, admite el profesor Bustos. “Creo que habría que fortalecer la participación directa de los militantes”, aporta como receta.

El artículo continúa en Cien guitarras

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3 comentarios

  1. Eso suele pasar cuando el partido deja de ser el instrumento para cambiar la sociedad y pasa a convertirse el fin en si mismo, el poder por el poder. Tenemos claros ejemplos de ellos en TODOS LOS PARTIDOS, la ciudadanía ya no participa en la política, solo en las elecciones, votando una lista cerrada que han preparado los “órganos de los partidos”. Incluso nosotros nos hemos acomodado al sistema cuando nacimos para no ser uno mas del sistema.

  2. En el caso concreto del nacionalismo aragonés, la cohesión sólo es posible alcanzarla ya en la forma de una coalición. CHA ya no es “la Chunta”.

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