CANCIÓN DE LA TIERRA PERDIDA, POR VALENTIN CAZAÑA

Hace tiempo quería escribir una canción sobre la tierra perdida.

Sobre la tierra que quiso gritar y fue olvidada.

Sobre los pueblos en los que ahora viven lucios.

Sobre las palabras arrojadas al limbo de la desidia.


Sobre los ríos salvajes que fueron capturados.

Sobre las mujeres y hombres que se fueron llorando recuerdos.

Sobre los políticos que santificaron el expolio.

Sobre las montañas heridas por el dinero insaciable.

Sobre la carrasca solitaria junto a la que alguien juró volver

y luchar por conseguir rescatar la memoria de la tierra.

RESPONDIENDO A FACEBOOK

Pienso sueños
pienso parolas
pienso luego existo
pienso seguir luchando
pienso reir lo que me dejen
pienso mirar la luna y ver tu cara
pienso follar lo que pueda
pienso gritar y no cerrar los ojos
pienso evitar que me alienen
pienso correr detrás de las ilusiones
pienso no subir nunca en el barquito de Belloch
pienso que Ice-T tendría que haber venido a Zaragoza hace 15 años
pienso que solo la insumisión nos hace libres
pienso que el bocata vegetal del Gallizo es el mejor que he probado
pienso que bel diya a chen d´ista nazión charrará y beyerá os suyos dreitos linguisticos reconoxitos
pienso dejar que el corazón se me acelere al escuchar “Nazio ibiltaria naiz”
pienso que tengo que terminar esto antes de que penséis que se me ha ido la olla

UNA SALIDA INESPERADA

Yo sé que a veces las palabras nos emboscan,
travestidas de sonidos agradables.
Resulta difícil resistir la tentación
de caer rendido ante la alienación de las ideas.
No son cantos de sirena precisamente
lo que nos trata de arrastrar al limbo,
sino la voz de un bardo sin imaginación.
Cuando lo creía todo perdido,
miré hacia adelante y descubrí una salida.

LA NOCHE DE LA HERIDA, POR VALENTÍN CAZAÑA

Recupero un poema de 2001 ante la sequía creativa de los últimos días.

Ayer por la noche, el sabor de los porros
me regaló el calmante para tu herida.
El derrame de imágenes que me atacaba
desapareció ya fuera del Crápula.
Las sombras bailaban burlonas a mi alrededor,
y yo necesitaba vomitar sentimientos,
escupir sobre mi rastro
.

PROMETO NO ESCUCHAR, POR VALENTÍN CAZAÑA

Pido perdón por escuchar las necias palabras de los dinosaurios.
Prometo no volver a manchar mis timpanos con su sonido mortecino.
Cuentan que si les escuchas te ves arrastrado
a su mundo de miseria y de pobreza mental.
Me taparé los oidos al recorrer sus caminos plenos de alacranes ponzoñosos,
evitando padecer sus voces indignas de odio.

Prefiero escuchar las risas libres de la madrugada,
desviar mi atención hacia el mundo real
donde los hombres y las mujeres no son instrumentos
donde rebote el eco de los corazones vacíos.

DESCONCIERTO, POR VALENTÍN CAZAÑA

¿Por qué la satisfacción nos fue negada?
Nos escondimos tras nuestros escudos,
temerosos ante una victoria no deseada.
No comprendimos los guiños de la realidad
que nos salieron al paso.
Si nuestros cuerpos pueden mentir,
arrojaremos al vacío los ríos de Jade?

UN DÍA DIBUJÉ UN VERSO, POR VALENTÍN CAZAÑA

La voz escondida aparece de nuevo. Ha costado mucho y los sonidos todavía se juntan con dificultad. 

Un día dibujé un verso

y con él pretendí engañar al tiempo.

Me serví de las palabras inventadas

para recuperar heridas del pasado,

no tanto por engañarme sino por escapar.

Recorrí el mundo con esas silabas falsas,

y al final del viaje descubrí

que en realidad yo mismo era la invención.