ÉTICA, CONSUMISMO Y JUSTICIA SOCIAL

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En entrenomadas y justiciaglobal podemos leer un esclarecedor post, cuya lectura recomiendo, titulado “los otros esclavos del móvil”. En esta misma línea, desde este blog queremos subrayar los siguientes datos, que nos muestran ejemplos de poblaciones en países en vías de desarrollo sometidas a las peores condiciones laborales que le es posible articular al capitalismo más salvaje. La explotación laboral que sufren estas personas, puede considerarse en buena medida como uno de los cimientos sobre los que se asienta el consumismo insostenible del llamado primer mundo.

En el siguiente reportaje del New York Times podemos profundizar en las condiciones laborales de los trabajadores del Sudeste Asiático, donde descubrimos niños que trabajan seis días a la semana, nueve horas al día para un salario de 2 dolares diarios. En el portal Tercer mundo online volvemos a leer noticias de la relación entre la producción de etanol y el trabajo esclavo. Mientras que más de 50 millones de latinoamericanos sufren desnutrición, las áreas de cultivo de etanol se expanden de forma exponencial, convirtiéndose como dice este portal en necrocombustible. En Brasil es ya habitual que cañaverales destinados a la producción de etanol dependan del trabajo esclavo, y por supuesto de la destrucción del medio ambiente.

En África occidental, la OIT estima que casi 300.000 niños son explotados laboralmente en el cultivo y la industria de la elaboración del cacao. Según dicha organización, muchos de estos niños fueron enviados por sus padres en la creencia de que ayudarían a sostener a sus familias, pero una vez que llegaron a su destino fueron obligados a trabajar en condiciones de esclavitud, y es práctica habitual golpearles regularmente en las jornadas de doce horas que padecen.  

Por tremendo que parezca, las cifras más prudentes cuantifican en alrededor de 400 millones de niños en todo el mundo los que se ven afectados por este tipo de explotación laboral infantil,  que niega todos los derechos fundamentales de la infancia. Ante esta situación, una medida inmediata que tod@s podemos llevar a cabo es dejar de consumir productos y marcas de empresas que son responsables directas de estas situaciones que atentan contra la justicia social.

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4 comentarios

  1. El capitalismo salvaje, bajo la alfombra del estado del bienestar, la opulencia y la vida cómoda y despreocupada, oculta un colonialismo económico como sucesor de los imperios coloniales del pasado. Y como éstos, se vale del esclavismo y de las condiciones de trabajo insalubres y draconianas para maximizar el beneficio. Porque la finalidad del sistema, no es el bienestar de los ciudadanos, evidentemente no de los del Tercer Mundo, pero tampoco el de los de occidente, sino que la cuenta de pérdidas y ganancias bata récords de máximos históricos cada año. Eso redunda en la calidad de vida de occidente, pero no como objetivo, sino como efecto colateral, que en el futuro podría cambiar, sin el menor quebradero de cabeza al respecto por parte de los consejos de administración. De hecho, está cambiando: se deslocalizan empresas en occidente, donde existe una legislación laboral, unos derechos sindicales, una política de salarios, etc. para trasladarse a lugares en que no existen estas trabas y además pueden imponerse condiciones paupérrimas a pueblos que viven en el hambre. Por todas estas razones, China es el paraíso de los empresarios occidentales: poseen todas las ventajas y ninguno de los inconvenientes. Sobre todo, una fuerza de trabajo sin derechos, ni apoyo legal, sin capacidad de rechistar.

  2. Me ha gustado mucho el post aunque me ha revuelto las tripas.
    Besos

  3. La reflexión, como en casi todas las cosas de la vida es pararse a pensar cuando te entran esas ganas de cambiar de móvil, de televisión, de cámara de fotos, … si realmente lo necesitas o simplemente estás entrando en el juego atroz del consumismo. No es delito tener un móvil, ni comprarse una camisa, lo necesario es ser consciente de que todo acto tiene su consecuencia.

  4. Estoy convencido de que al igual que en las últimas décadas se ha consolidado la sensibilidad social por la defensa del medio ambiente, por la igualdad de derechos o por la participación ciudadana, del mismo modo se desarrollará una concienciación sobre este asunto. No se trata de no consumir, sino de tener en cuenta qué multinacionales nos ofrecen productos fabricados por trabajadores o niñ@s explotados laboralmente.

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